Quedan cinco minutos para la clase.
Esta dichosa
fotocopiadora se ha quedado atascada otra vez, parece que huele mis prisas.
Un minuto.
Me pregunto para
qué tenemos un carro con ordenadores si la mitad no funcionan o no tienen
batería y al final acabo gastando toneladas de papel como plan B.
Suena el timbre.
¿Alguien sabe qué le pasa a la fotocopiadora? Ok,
ya llego tarde. Me llevo las copias que tenía hechas ya y que compartan el
resto, qué le vamos a hacer.
Más de un docente
resonará con esta escena, que pretende ejemplificar desde el humor algunas de las
dificultades tecnológicas a las que nos enfrentamos como docentes a diario (en
mi caso, pensando en un contexto de Secundaria y Bachillerato). Creo que a
estas alturas nadie cuestiona la absoluta necesidad de trabajar con las ¿nuevas? tecnologías en el aula, y es evidente que son
herramientas tremendamente valiosas para la enseñanza y el aprendizaje de
lenguas extranjeras (fomentan el aprendizaje informal y autónomo, la
construcción social y colaborativa del conocimiento, el desarrollo de
competencias de autoaprendizaje; estimulan una nueva relación entre el estudiante y el docente; crean situaciones de comunicación real; promueven la participación y la interacción, etc.). ¿Qué ocurre cuando en nuestro contexto
particular el acceso a estos recursos es limitado? ¿Cómo solventamos este
problema? En el caso de tener la suerte de contar con dispositivos y equipos
(aunque en ocasiones fallen, como en la escena descrita), ¿cómo sabemos cuándo
estamos haciendo un uso innovador y significativo, que realmente suponga un
cambio, y no simplemente sustituyendo el libro de papel por el libro digital? En
alguna ocasión, trabajando como sustituta en escuelas de Oslo (donde lo más
común es que todos los alumnos dispongan de ordenador en clase), me he visto
realizando actividades -propuestas por los profesores a los que sustituía- que
nada tenían de interactivas o comunicativas, y mucho menos de innovadoras. Eran
meros rellenahuecos y ejercicios estructurales descontextualizados que bien
podía haber encontrado en manuales de hace décadas, pero ¡ojo! Los están haciendo
online, con teclado, ratón y pantalla, fijo que esto es innovación educativa y
desarrollo de la competencia digital, ¿verdad? Así es. Confieso que yo tampoco estoy
libre de haber cometido este pecado.
Educative Innovéision por Néstor Alonso bajo la licencia CC BY-SA 2.0